Primer noche del Pepsi Music 2008

La primer noche de la edición 2008 del festival Pepsi Music -que como todos los años reúne a lo mejor de la escena musical local junto a destacados invitados del extranjero- comenzó anoche con una jornada dedicada al reggae en la que se destacaron las actuaciones de Los Pericos y Los Cafres. Bajo un cielo límpido y el constante paso de aviones que se dirigían hacia Aeroparque, una multitud de más de veinte mil personas copó el Estadio Ciudad de Buenos Aires y disfrutó de la seguidilla de shows que concluyó pasada la medianoche.

Los fanáticos de la música jamaiquina estuvieron de parabienes con la reunión de las bandas más emblemáticas del ritmo a nivel local -las presencias foráneas, en esta oportunidad, no brillaron-. El estado de ánimo del público alcanzó el éxtasis con la performance de Los Pericos que, liderados por Juanchi Baleirón, hicieron bailar y corear a todos los presentes mediante el rescate de los viejos éxitos de la banda pionera del género en el país. El recuerdo del Bahiano, su antiguo cantante, sobrevoló el estadio al pasar de canciones como “Waiting for your love”, “Párate y mira”, “Me late” o “Jamaica Reggae”. Los clásicos fueron interpretados con variaciones intensas que resignificaron la tradicional base rítmica del reggae para fusionarla con la potencia del rock. Los temas fueron acompañados por un espectacular juego de luces. También dieron lugar a sus nuevas producciones y, mediante el carisma y la potencia de Juanchi y muy buenas interpretaciones de los instrumentistas de la banda, lograron ponerle calor a la noche. Miles de jóvenes se movían al ritmo de canciones que también habían disfrutado sus padres, muchos de los cuales también estaban presentes.

El otro pico del recital estuvo marcado por la actuación de Los Cafres, los más fieles seguidores de Bob Marley en el país, que imbuyeron de mística el final de una jornada en la que sus fans no dejaron de corear las canciones al ritmo que Guillermo Bonetto les imprimía. “Bastará”, “Tus ojos” o “Extrañándote” fueron temas que provocaron el delirio de los asistentes al recital. Bonetto, que usó su tradicional sombrero, arengaba constantemente al público y de esta manera logró que la danza colectiva no se interrumpiera a lo largo de los cuarenta minutos que duró su performance.

Antes había pasado la banda puertorriqueña Cultura Profética, que profesan al reggae de un modo clásico, sin demasiadas innovaciones formales y una insistencia en letras políticas que no apelan ni por un segundo a la metáfora y tratan de ser explícitas hasta el hartazgo: “no quiero comer tu comida rápida / ni usar condimentos que no puedo ni pronunciar” fueron unos versos destacados de una canción que presentaron como un tema contra George Bush. El pintoresquismo de la banda fue su mayor atractivo: el cantante es pelado y porta un dreadlock que le llega por debajo de la cintura. El ritmo repetitivo de sus interpretaciones es irreprochable.

El recital comenzó temprano con la presencia -y despedida- de Amparanoia, antes de que su cantante Amparo Sánchez abandone el grupo para dar un giro a su carrera. Fidel Nadal presentó sus temas nuevos, salpicados por los clásicos que alguna vez interpretara junto a Todos Tus Muertos y Ky-Mani Marley, hijo de Bob, ofreció un show para que la tribu reggae local lo conociera en vivo.

La mayoría de los asistentes fueron adolescentes vestidos a la usanza reggae: ropas sueltas, remeras cómodas y que portaban una mirada lánguida y una suave alegría que se conjugaban con unas intrépidas ganas de comer, cuestión que provocó enormes filas en cada puesto de hamburguesas del estadio. Las capacidades auditivas mediante la música y las papilas gustativas que satisfacían ese súbito hambre fueron los dos sentidos que dieron rienda suelta a los placeres. El estadio se convirtió, durante el tiempo que duró el festival, en el lugar con mayor concentración de dreadlocks por metro cuadrado del país. Una vez terminado el recital, la multitud satisfecha copó los carriles de la avenida Libertador en una procesión lenta, rítmica que se perdió acompasada tarareando, todavía, los sones del ritmo que hizo leyenda el mítico Bob Marley.

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